Bellingham y Mbappé. Madrid Sevila.

Rodrygo y Bellingham rescatan al Madrid de un partido que no despeja las dudas. Mbappé iguala el récord de Cristiano y Vinicius recibe la bronca del Bernabéu.

Ni la victoria, ni la resurrección de Rodrygo, ni el récord de Mbappé alivian la tensión en el entorno del Real Madrid. Los blancos vencieron al Sevilla en un encuentro que no supieron controlar ni con un jugador más y en el que el Bernabéu mostró no solo su disconformidad con el equipo, sino que pitó duramente a Vinicius Jr. en el momento de su sustitución. Los de Xabi Alonso, que siguen huérfanos de fútbol, solo lograron anotar a balón parado ante un equipo hispalense que dio la cara en el feudo blanco y se marchó muy enfadado con el arbitraje.

El Sevilla comenzó el partido con mayor intensidad, en busca del gol desde el primer minuto y encontrando espacios a la espalda de los centrales del Madrid. Una ocasión de Juanlu Sánchez y dos muy claras de Isaac Romero arrancaron los primeros pitos del graderío del Bernabéu cuando no se habían cumplido los diez minutos de encuentro, haciendo saber al equipo que la paciencia de la afición estaba bajo mínimos y que no querían ver otro choque insulso de los de Xabi Alonso. Los andaluces habían salido mejor al partido y avisaban de que no se lo pondrían fácil a la escuadra blanca.

Con el paso de los minutos, el Madrid se fue sacudiendo el dominio de los de Matías Almeyda. Mbappé amenazaba a la defensa sevillista, Rodrygo creaba peligro por su banda y Huijsen probaba fortuna con un remate tras saque de esquina. Sin embargo, a pesar del cambio de actitud con respecto a semanas anteriores, a los de Alonso les seguía costando generar juego en estático ante un bloque bajo que no concedía espacios ni opciones al contragolpe. Tan solo el balón parado o acciones aisladas de Vinicius Jr. o Rodrygo lograban superar líneas y asomarse a la portería visitante.

Y fue, precisamente, desde la pizarra como llegó el primer tanto del choque poco antes del descanso. Marcão entró con dureza a Rodrygo en una falta en la que los locales pidieron a Muñiz Ruiz cartulina roja, pero el colegiado mantuvo la amarilla. La falta, algo escorada a la banda derecha, la sirvió de manera espléndida el propio brasileño para que, entrando con todo, Bellingham alojara con un cabezazo de bella factura el balón en el segundo palo, sin que nada pudiera hacer Vlachodimos. Sin fuegos artificiales ni especial brillantez, el Madrid se marchaba por delante en el marcador justo antes de enfilar el camino a vestuarios.

El Madrid sufre en el caos

La segunda mitad arrancó mucho más eléctrica. El Madrid ganaba, pero al público no le gustaba nada el escaso control de los suyos, que permitían que el partido se rompiera por momentos, con ocasiones claras por ambos bandos. Por los blancos, Mbappé, algo frustrado y egoísta en busca del récord de Cristiano, tuvo tres ocasiones en cuestión de minutos —una de ellas, un cabezazo al travesaño—, pero le faltó calma para aumentar la ventaja. Por el lado hispalense, Alexis Sánchez tuvo la primera y, poco después, el propio chileno filtró un pase fantástico a Isaac Romero que obligó a Courtois a emplearse a fondo para evitar el empate.

El caos y el desorden favorecían los intereses de los sevillanos. Los de Xabi Alonso, como ya les ha ocurrido en varias ocasiones durante la temporada, no lograban acabar con la anarquía para dominar y gobernar el guion del encuentro como requería la situación. El Sevilla creaba más peligro que el Madrid y el portero belga de los blancos edificaba, una vez más, un muro en su portería para evitar una nueva debacle. Fue entonces cuando entrada a destiempo de Marcão sobre Jude Bellingham le supuso la segunda tarjeta amarilla y dejó a los hispalenses con uno menos para los últimos veinte minutos.

Vinicius capitán. Madrid Sevilla.
Vinicius recibió una pitada atronadora por parte del Bernabéu – LaLiga

Sin embargo, lo que se suponía que debía finiquitar el partido provocó que los sevillistas dieran un paso al frente, dominaran el balón y empujaran ante un Madrid con miedo, agazapado y al contragolpe, pese a contar con un futbolista más sobre el césped. El Bernabéu no perdonaba la apatía y evidenció su enfado en el cambio de Vinicius, que recibió una atronadora pitada.

Para alivio madridista, en la primera jugada de Rodrygo reubicado en la banda izquierda, el número 11 provocó un inocente penalti de Juanlu, que se arrepintió desde el mismo instante en que su pierna impactó en la rodilla del brasileño. Mbappé se encargó de transformar la pena máxima, celebrada con la icónica celebración de Cristiano Ronaldo, a quien dedicó el gol, igualando así su récord de 59 tantos en un año natural con el Real Madrid.

Pero ni siquiera con eso el Bernabéu perdonó. No había ganas de festejos. El curso del Madrid está siendo pobre, la segunda parte fue mala y la actuación del equipo no logró satisfacer a una afición que volvió a marcharse del estadio con más dudas que alivio a pesar de colocarse a un punto del liderato. Serán el encuentro del Betis y, sobre todo, la Supercopa de España quien dictamine si este Madrid tiene fututo. La afición blanca entiende que, al menos de esta manera, no.

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