Banderín de Córner Oyarzabal España Georgia

La selección de Luis de la Fuente vence 0-4 en Tiflis y confirma el buen momento de España, que se consolida como firme candidato a bordar su segunda estrella 

El Vellocino de Oro era, en la época de Homero y en la mitología griega, la piel dorada del carnero que salvó la vida a Frixo en Cólquida. Símbolo de poder, riqueza y anhelo de algo que parece inalcanzable. Unos tres mil años después, ese terreno bañado por el Mar Negro se conoce como Georgia. Y es justo en su capital, donde la selección española ha certificado –salvo debacle– su clasificación mundialista en busca del ansiado vellocino: su segunda estrella

No obstante, la principal enseñanza del mito es que Jasón, el encargado de dar con él, necesitó de la ayuda de los Argonautas para vencer a los dragones y monstruos que se le cruzaron por el camino. Al igual que él, España sabe que su sueño no depende de un héroe solitario, sino de una tripulación completa compuesta por un capitán que dirija el timón rodeado de diferentes jóvenes, cada uno con sus características, que reman con la energía necesaria para alcanzar las estrellas hasta el punto de que nada ni nadie consigue detenerlos. Y es que jugar frente a España, ahora mismo, es un suplicio

La selección de Luis de la Fuente no solo juega como lo harían los mismísimos dioses griegos, no solo golea, sino que, además, lo hace con numerosas e importantes bajas. Poco importó la polémica y repentina baja de uno de los mejores jugadores del mundo como es Lamine Yamal, la de un Balón de Oro como Rodri, la del desequilibrante Nico Williams, la del mejor centrocampista del mundo como es Pedri o la de veteranos capitanes como Dani Carvajal o Álvaro Morata. Todos fueron columna vertebral de la selección que se coronó en Berlín en la EURO2024 y, aun sin ninguno de ellos sobre el césped, nadie juega al fútbol como lo hace La Roja. 

Si no están los punta de lanza, aparecen jugadores como Fabián, Baena, Zubimendi y Oyarzábal para encarrilar desde bien pronto la victoria. Ante una defensa bien plantada, a los once minutos Ferrán había forzado un penalti que transformaría Oyarzábal y, a los veinte, Fabián asistiría de forma magnífica para que Zubimendi picara el balón sobre Mamardashvili para poner el segundo en el marcador. 

Ferrán Torres en un lance de juego del encuentro | Foto: Ángel Martínez/RFEF

Georgia era incapaz de contrarrestar el monólogo de los de Luis de la Fuente. No fue hasta pasada media hora cuando los caucásicos empezaron a crear ocasiones. Liderados por Kvaratskhelia empezaron a merodear más el área española, aunque sin poner en apuros a Unai Simón. Fue precisamente entonces, cuando se empezaban a soltar los georgianos, cuando la selección española volvió a aumentar su ventaja con un remate de Ferrán Torres que empujó a placer un pase de la muerte de Oyarzábal y finiquitar el encuentro. Tan solo era el minuto 35. 

La segunda mitad tan solo fue el trámite que cerró el propio Oyarzábal anotando el cuarto con un remate cruzado de cabeza alejando el balón de la estirada de Mamardashvili para certificar el récord de los 30 partidos oficiales sin conocer la derrota que lleva la selección. 

Da igual que no estuvieran los Lamine, Pedri, Carvajal, Nico Williams, Le Normand o Huijsen. España es mucho más que nombres; es un equipo al que, ahora mismo, nadie detiene, al que no saben cómo defenderle y que ha certificado hoy, en el antiguo reino de Cólquida, que es una de las máximas aspirantes a alcanzar el trofeo cubierto del vellocino de oro que se entregará en Nueva York el próximo mes de julio. 

Ve aquí el resumen del partido:

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