Los Seahawks dominaron la Super Bowl LX con una defensa imponente y devolvieron a Nueva Inglaterra el golpe que llevaban más de una década esperando

Los Seattle Seahawks volvieron a tocar el cielo. Once años después de una de las derrotas más dolorosas de su historia frente a los Patriots, la franquicia del estado de Washington encontró la revancha soñada al proclamarse campeona de la Super Bowl LX tras imponerse con autoridad por 29-13 a New England Patriots. El Levi’s Stadium fue escenario de una actuación memorable de los Seahawks, que construyeron su victoria desde una defensa asfixiante y una disciplina táctica que anuló por completo al ataque rival.
Durante gran parte del encuentro, el dominio de Seattle fue absoluto. Los Patriots nunca lograron sentirse cómodos ante la presión constante de la defensa dirigida por Mike Macdonald. El joven quarterback Drake Maye vivió una noche complicada, acosado de principio a fin por una línea defensiva que convirtió cada posesión en un problema para Nueva Inglaterra. Los Seahawks acumularon capturas, forzaron errores y controlaron el ritmo del partido desde el primer cuarto.
Aunque el ataque de Seattle tampoco brilló de forma espectacular, supo aprovechar cada oportunidad. Jason Myers abrió el camino con una actuación histórica, anotando cinco goles de campo que mantuvieron siempre por delante a su equipo. Mientras tanto, Kenneth Walker III fue castigando poco a poco a la defensa rival con carreras constantes que desgastaron físicamente a los Patriots. Su impacto terminó siendo decisivo para inclinar definitivamente el encuentro.
El momento que terminó de romper la final llegó en el último cuarto. Cuando los Patriots intentaban acercarse en el marcador, una jugada defensiva cambió por completo el desenlace. Una presión sobre Maye provocó un pase defectuoso que acabó convertido en touchdown defensivo para Seattle, desatando la celebración de miles de aficionados desplazados hasta California. A partir de ahí, la resistencia de New England desapareció.
El triunfo permitió a los Seahawks conquistar el segundo anillo de su historia y cerrar una herida abierta desde aquella inolvidable Super Bowl perdida ante los Patriots en 2015. Más allá del resultado, Seattle confirmó que ha construido un proyecto ganador alrededor de una defensa dominante y un equipo capaz de competir bajo máxima presión. Esta vez no hubo dudas, errores ni finales dramáticos. Solo una exhibición colectiva que terminó coronando al campeón del pueblo.
Ve aquí el resumen del partido:
